lunes, 31 de mayo de 2010

Israel ataca

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De nuevo el estado de Israel se mancha de sangre tras el asalto que su ejército ha realizado, esta madrugada pasada, en aguas internacionales, a la flotilla de seis barcos que llevaba 10.000 toneladas de ayuda humanitaria a los palestinos de la franja de Gaza, que sufren un embargo por parte de las autoridades judías desde hace tres años. Fuentes sin confirmar hablan de, al menos, 10 muertes, mientras que otras elevan esta cifra a 19.

Las autoridades israelíes, cualquiera que sea el color ideológico del grupo que esté en el poder, no muestran cambio de política en lo esencial de su acción respecto al conflicto palestino que cada vez está más enquistado en el país. En realidad no existe más que una sola política: la represión, marginación y confinación de los palestinos. Y, sin embargo, cuanto mayor es la represión por parte del estado judío, mayor es la adhesión internacional en pro de la causa palestina y, por ende, más se acentúa el aislamiento de Tel Aviv.

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Israel seguirá alimentando la violencia contra los palestinos y teñirá de sangre su suelo, pero la causa política de estos va creciendo en apoyos. El estado judío no podrá evitar lo inevitable: la formalización de un estado palestino independiente y soberano. El tiempo corre en contra de los hijos de David. Sólo es cuestión de esperar.
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Mientras tanto, EEUU, la UE y otros estados tradicionalmente amigos o condescendientes con Tel Aviv no moverán un dedo para obligarle a negociar una paz justa y definitiva con los palestinos y, menos aún, para ayudar a la creación de ese estado que no tiene vuelta atrás. No pasarán de los gestos de condena y algún otro de carácter puramente diplomático sin consecuencias serias.
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¿Justicia universal? Con actos como este, ¿quién es tan ingenuo para creer en ella? Solo queda la esperanza de que los israelíes de bien vayan tomando conciencia del otro holocausto: el que resulta de la sistemática represión del pueblo palestino, que sufre y muere por el castigo que le inflige un estado sostenido por una sociedad que ya sufrió algo similar hace casi 70 años a manos de los nazis, pero que, por lo visto, ha aprendido muy poco de aquel horror.
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Si los judíos se detuvieran 15 minutos en el Museo del Holocausto que crearon en Jerusalén, y reflexionaran sobre lo que allí se ve, podrían entender el sufrimiento del pueblo palestino. Pero, claro, los museos ya no están para movilizar las conciencias de los autóctonos. Ahora solo constituyen un elemento más de la industria del turismo. Solo están allí como un instrumento más del marketing político y entretenimiento para los visitantes extranjeros. La Historia verá un Museo del Holocausto-2, en la parte Este de Jerusalén, -tal vez se pueda comunicar directamente un museo con el otro- y tendrá también a los judíos como protagonistas, pero entonces no serán las víctimas. Solo serán los agresores.
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