




Serán muchas las noticias y discusiones que sobre tal sentencia inunden las hojas de la prensa escrita, de la prensa digital, los micrófonos de las emisoras de radio y las cámaras de televisión. Los políticos, tertulianos y demás opinadores se enzarzarán en auténticas peleas dialécticas sobre uno u otro concepto cuestionado. Será difícil separar el grano de la paja en este debate interpretativo tan complejo y tan cargado ideológicamente. Pero sí estoy seguro de algo: todos dirán que sus tesis han sido validadas por el Tribunal Constitucional. Tal vez, solo los partidos políticos nacionalistas y catalanistas de Cataluña estén en contra o eleven la voz por encima de lo normal porque dentro de unos meses tienen elecciones autonómicas.
Sin embargo, tras cuatro años de tensión por cuestionamiento de magistrados del TCE y por la falta de resolución, la verdad es que el simple hecho de que ya exista sentencia va a ser un auténtico bálsamo, una liberación, para el Gobierno español, para el PSOE, para el PP, para el mismo Tribunal Constitucional y, a corto plazo, también para el Partido Socialista de Cataluña (PSC) y hasta para el mismo Gobierno catalán que ha de desarrollar el nuevo Estatuto y a partir de ahora sabrá a qué atenerse.
Mal estaría que el Presidente Montilla y el PSC se pasaran de rosca y fueran mucho más allá de lo que es razonable protestar habida cuenta que las elecciones autonómicas están ahí. Sería un grave error de Montilla y del PSC enarbolar la bandera del nacionalismo catalán para enfrentarse directamente al Estado. Los socialistas catalanes deben recordar muy bien quiénes conforman su base electoral e, incluso, su base social. Sucedáneos del nacionalismo no suelen ganar votos porque los electores prefieren elegir 'productos auténticos'. Si el PSC continúa en su línea 'pseudonacionalista' perderá las elecciones autonómicas claramente, favoreciendo a CIU y al PP, que recogerán los votos de los nacionalistas catalanes y la de los socialistas desencantados respectivamente.
El Presidente Zapatero y el PSOE deben influir con toda su fuerza en los socialistas catalanes y reconducir su línea política, que nunca ha de cruzar la frontera del catalanismo para caer en el precipicio del nacionalismo catalán.
En definitiva, la sentencia no deja ninguna duda en la reafirmación de varios pilares fundamentales de la Constitución de 1978:
1.- Que la soberanía reside en el pueblo español. El pueblo español es un todo indisoluble y no una mera suma de partes diferenciadas.
2.- Que la única Nación es la española. Como correlato, no va a existir relación 'de igual a igual' entre Cataluña y España, porque no son naciones diferentes desde el punto de vista jurídico.
3.- Que la preeminencia de la Constitución Española no se discute. Las leyes catalanas -incluídas las referidas a los idiomas castellano y catalán- estarán sometidas a lo que determine, en cada caso, nuestra carta magna. Asimismo, el Poder Judicial es único para toda España y no es divisible en su función jurisdiccional ni en el establecimiento de sus órganos y autoridades judiciales rectoras.
Cuando esto esté absolutamente interiorizado por las fuerzas políticas catalanas, y a medida de que las fechas electorales se acerquen, el pataleo y la sobreactuación que veremos en estos próximos días por parte del gobierno tripartito de la Generalitat y de los partidos nacionalistas bajará de intensidad, y las aguas de la política catalana volverán a discurrir por los cauces normales, porque en Cataluña existe una sociedad democrática madura que conoce cuáles son las primigenias reglas de juego que nos dimos con el pacto constitucional y que nunca ni nadie debe dinamitar.