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jueves, 29 de julio de 2010

Cornadas en Cataluña

La tira y afloja

El Parlament votó ayer en contra de la celebración de corridas de toros en Cataluña. Ya no se podrán celebrar estos festejos taurinos a partir del primero de enero de 2012. Lo hizo tomando como base una Iniciativa Legislativa Popular que se sustanció en la recogida de 180.000 firmas solicitando su abolición.

El asunto es motivo de gran controversia política, como no podía ser menos, porque los toros, la llamada fiesta nacional, es una tradición tan arraigada en España que su prohibición tenía que levantar ampollas en la sociedad.

Desde el punto de vista ético y moral podemos estar de acuerdo en que la fiesta es condenable porque el toro de lidia sufre un maltrato, una tortura, y finalmente una muerte que a ningún ser vivo debe aplicarse, y menos aún por divertimento, ocio, fiesta... Por tanto, la prohibición tiene su sentido si queremos elevar en valores el listón de nuestra sociedad que pretende ser moderna. Otra cosa es que el procedimiento prohibitorio no me parezca el más adecuado. Entiendo que ese ejercicio moral se realice a través del fomento de la educación y la cultura desde las edades más tempranas. De hecho, la sociedad española en ese camino anda, visto cómo opinan nuestros jóvenes sobre el asunto.
Sin embargo, esta cuestión nos lleva a reclamar la misma postura respecto a otros divertimentos basados en los mismos fundamentos morales, algunos de ellos muy tradicionales precisamente en Cataluña, como es el caso de los correbous, el festejo taurino catalán tan arraigado en las tierras del Ebro, que no han sido incluidos en la ley abolicionista por estar a la espera del dictamen del Consejo de Garantías Estatutarias catalán.

Pero si de fundamentos morales hablamos para hacer algo mejor nuestra sociedad, pidamos antes la prohibición del boxeo, tanto el presencial como el televisado. Sí, es cierto, es una elección libre de uno y otro boxeador o boxeadora para zurrarse en un escenario público para mayor divertimento de los espectadores. Pero estamos transmitiendo violencia entre humanos, hay odio, lesiones, sangre...

Pidamos también la prohibición de otro tipo de actividades de ocio y diversión que tienen a los animales como sufridores. Eliminemos la caza porque si a un toro se le 'tortura' en una plaza, a una liebre se la 'asesina' directamente. Prohibamos también la pesca: ¿qué se le hace a un salmón cuando muerde el anzuelo hasta que es sacado a la orilla y sufre el arponazo final que termina con su vida?

¿Por qué mantenemos jilgueros, canarios, cacatúas... en jaulas? Para solaz divertimento nuestro y de nuestros niños. Y, probablemente, muchas de estas personas sean, de buena fe, no lo dudo, abolicionistas taurinos.

¿Prohibimos también las carreras de caballos? ¿O es que se divierte el caballo de turno corriendo 1.500 metros en el hipódromo con una carga humana encima que le fustiga con el látigo?


Y así podríamos seguir hasta no sé dónde.

Dejemos el plano moral y pensemos si hay fondo político. Al respecto pregunto: ¿acaso hay alguna iniciativa o actividad que pase por un parlamento que no tenga carácter de político? Como no sea la de la señora de la limpieza en su actividad diaria, no creo que pueda escapar al ungüento o al pringue de la política nada que se discuta y se vote en una cámara de representación parlamentaria. Nada es inocuo en las decisiones políticas que toma un parlamento.

Efectivamente, detrás de esta iniciativa y este debate tenemos un trasfondo político de primer nivel. Hay una estrategia política liderada por el nacionalismo catalán preñada de elementos identitarios, dirigida a eliminar lazos de unión con el proyecto común que llamamos España. A lo largo de los años van cercando y eliminando aquellos símbolos, tradiciones, iconos, culturas... que tengan origen o fuerte conexión con lo que llamamos España. Recordemos el caso del toro de Osborne que finalmente fue eliminado del paisaje catalán tras sufrir varios atentados. ¿Padecía tortura esta figura publicitaria reconvertida en cultural-artística? No. Ocurrió que el nacionalismo catalán tomó al toro de Osborne como símbolo, como un icono de la cultura española y esto fue suficiente para que estuviera en su diana.

En ese contexto es en el que hay que tomar también la decisión de prohibir las corridas de toros en Cataluña porque la sociedad catalana no estaba pidiendo esta ley. Todo ello alimentado por la desmesurada reacción catalanista, incluido el PSC -"Houston, tenemos un problema..."-, producida por la sentencia que sobre el Estatut ha emitido el Tribunal Constitucional. Contra una decisión tomada por el españolismo contra Cataluña, una decisión del catalanismo contra España, allí donde les duele, en uno de los símbolos más arraigados y en el momento más oportuno, cuando la efervescencia del enfrentamiento es más necesaria para atacar con fuerza las elecciones autonómicas inminentes.

Ahora puede ocurrir que algunos de los que han propugnado esta abolición se dediquen a ver las corridas de toros en la televisión. Incluso, habrá políticos abolicionistas que acudan a Las Ventas a presenciar algún festejo saboreando algún buen puro porque es un buen escaparate público y se farda mucho. Suele pasar esto.
En todo caso, siempre nos quedará Euskadi. Los nacionalistas catalanes no han aprendido nada de lo que ha pasado en el País Vasco en estos últimos años, incluida la reacción del electorado contra el radicalismo nacionalista. Les teníamos por más inteligentes, políticamente hablando, pero...
Felices vacaciones... y buena suerte.

lunes, 28 de junio de 2010

Habemus sentencia


El recurso de inconstitucionalidad al Estatuto de Autonomía de Cataluña formulado por el PP, el Defensor del Pueblo y alguna Comunidad Autónoma, ya tiene sentencia. El Tribunal Constitucional, por fin, se ha puesto de acuerdo esta tarde y ha votado, por partes, la última ponencia -¿la octava?- que, en esta ocasión, fue redactada por su presidenta, Emilia Casas.

En este enlace del diario digital de El País se recoge ampliamente los detalles más importantes de la sentencia que todavía se estaba redactando hace unas horas y que admite parcialmente el recurso de inconstitucionalidad.


http://www.elpais.com/articulo/espana/Constitucional/refrenda/mayor/parte/Estatuto/Cataluna/declara/inconstitucionales/articulos/elpepuesp/20100628elpepunac_7/Tes



Serán muchas las noticias y discusiones que sobre tal sentencia inunden las hojas de la prensa escrita, de la prensa digital, los micrófonos de las emisoras de radio y las cámaras de televisión. Los políticos, tertulianos y demás opinadores se enzarzarán en auténticas peleas dialécticas sobre uno u otro concepto cuestionado. Será difícil separar el grano de la paja en este debate interpretativo tan complejo y tan cargado ideológicamente. Pero sí estoy seguro de algo: todos dirán que sus tesis han sido validadas por el Tribunal Constitucional. Tal vez, solo los partidos políticos nacionalistas y catalanistas de Cataluña estén en contra o eleven la voz por encima de lo normal porque dentro de unos meses tienen elecciones autonómicas.

Sin embargo, tras cuatro años de tensión por cuestionamiento de magistrados del TCE y por la falta de resolución, la verdad es que el simple hecho de que ya exista sentencia va a ser un auténtico bálsamo, una liberación, para el Gobierno español, para el PSOE, para el PP, para el mismo Tribunal Constitucional y, a corto plazo, también para el Partido Socialista de Cataluña (PSC) y hasta para el mismo Gobierno catalán que ha de desarrollar el nuevo Estatuto y a partir de ahora sabrá a qué atenerse.

Mal estaría que el Presidente Montilla y el PSC se pasaran de rosca y fueran mucho más allá de lo que es razonable protestar habida cuenta que las elecciones autonómicas están ahí. Sería un grave error de Montilla y del PSC enarbolar la bandera del nacionalismo catalán para enfrentarse directamente al Estado. Los socialistas catalanes deben recordar muy bien quiénes conforman su base electoral e, incluso, su base social. Sucedáneos del nacionalismo no suelen ganar votos porque los electores prefieren elegir 'productos auténticos'. Si el PSC continúa en su línea 'pseudonacionalista' perderá las elecciones autonómicas claramente, favoreciendo a CIU y al PP, que recogerán los votos de los nacionalistas catalanes y la de los socialistas desencantados respectivamente.

El Presidente Zapatero y el PSOE deben influir con toda su fuerza en los socialistas catalanes y reconducir su línea política, que nunca ha de cruzar la frontera del catalanismo para caer en el precipicio del nacionalismo catalán.

En definitiva, la sentencia no deja ninguna duda en la reafirmación de varios pilares fundamentales de la Constitución de 1978:

1.- Que la soberanía reside en el pueblo español. El pueblo español es un todo indisoluble y no una mera suma de partes diferenciadas.

2.- Que la única Nación es la española. Como correlato, no va a existir relación 'de igual a igual' entre Cataluña y España, porque no son naciones diferentes desde el punto de vista jurídico.

3.- Que la preeminencia de la Constitución Española no se discute. Las leyes catalanas -incluídas las referidas a los idiomas castellano y catalán- estarán sometidas a lo que determine, en cada caso, nuestra carta magna. Asimismo, el Poder Judicial es único para toda España y no es divisible en su función jurisdiccional ni en el establecimiento de sus órganos y autoridades judiciales rectoras.

Cuando esto esté absolutamente interiorizado por las fuerzas políticas catalanas, y a medida de que las fechas electorales se acerquen, el pataleo y la sobreactuación que veremos en estos próximos días por parte del gobierno tripartito de la Generalitat y de los partidos nacionalistas bajará de intensidad, y las aguas de la política catalana volverán a discurrir por los cauces normales, porque en Cataluña existe una sociedad democrática madura que conoce cuáles son las primigenias reglas de juego que nos dimos con el pacto constitucional y que nunca ni nadie debe dinamitar.