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lunes, 17 de marzo de 2008

Padres inaguantables

Por Edurne Bárcenas (16 años) y Arantza Unzueta (15 años)
¿Por qué los hijos no soportan a los padres? ¿Por qué al alcanzar una edad determinada les contestan agresiva y rotundamente?
La relación que une a padres e hijos hoy en día es cada vez más incierta. Cuando los hijos llegan a la pubertad, la forma de ser de estos cambia, ya que están formando su personalidad. Los adolescentes se sienten incomprendidos totalmente por sus padres, porque siempre se ven limitados por las órdenes recibidas y lo que verdaderamente anhelan es la superación de los límites impuestos.
Y ahora vienen las respuestas a la pregunta que todos los adultos se hacen continuamente:
¿Por qué esa actitud?
Los adolescentes dejan de confiar en sus padres, como hicieron antaño, porque forman un grupo de amigos, en los que, al estar constituido por personas de su misma edad y condición, se sienten arropados y comprendidos, ya que comparten las mismas inquietudes, valores, pensamientos, aficiones...
Los padres repiten constantemente a sus hijos lo que deben y no deben hacer, llegando al punto de resultar bastante cargantes, con lo que lo único que se consigue es que el hijo pierda los nervios y conteste inadecuadamente.
Otros ejemplos que afirman la tesis de "padres inaguantables" es la actitud retrógrada de los adultos:
- A las 10:30 de la noche en casa.
Con dieciséis años, a las 22:30 a casa, un sábado por la noche... Cualquier adulto que lea esto podrá pensar: "Lo más normal para esa edad" ; de otra manera, un adolescente replicará: "Los tiempos han cambiado, ahora lo normal es llegar a la una de la madrugada".
Los padres velan por la seguridad de sus hijos con demasiada insistencia.
Con los estudios, otro tanto. Existen dos ramas: los que están todo el tiempo encima de sus hijos para que estudien, consiguiendo la desesperación de ambos y, luego, los que pasan olímpicamente de ellos.
Ninguna de las dos ideas es buena, y tanto una como otra pueden llegar a la decadencia en los estudios del alumno. En mi opinión, con los castigos y las agresiones tanto físicas como psicológicas, no se llega a la motivación del estudiante. Con afecto, comprensión, y un buen diálogo se puede subir la moral del hijo y conseguir hacerle entrar en razón, aunque hay que recalcar que esto no es posible en todos los casos.
También convendría citar la intención de los padres de hablar de sexo con sus hijos. Esto a los adolescentes les incomoda sobremanera, porque reciben demasiada información por otros medios, como el colegio, los medios de comunicación públicos, en la calle misma..., cuando, ante esta situación, los padres prefieren proporcionar esta información a sus hijos de manera directa, ignorando la reacción de los adolescentes.
Esperamos que esto sirva para que ustedes, los adultos, recapaciten, ya que el texto que leen está escrito por dos adolescentes de dieciséis y quince años que pueden contar en primera persona lo que sentimos en esta difícil edad, etapa de la vida que los padres nos van complicando cada vez más. Tomen nota, "papitos".

jueves, 21 de febrero de 2008

Paliza a una joven de 15 años


Las informaciones que se refieren a actos de violencia entre jóvenes cada vez son más frecuentes. En esta ocasión el hecho ocurrió el pasado domingo día 10 en el recinto deportivo de un colegio de la localidad vizcaina de Ermua (España).
La noticia, profusamente difundida por los medios de comunicación españoles, recoge la paliza que una adolescente de 15 años recibió de otros jóvenes de edades similares por una discusión entre ellos. Según la familia de la agredida la chica "fue golpeada con una barra de hierro, la quemaron el pelo y la arrollaron con una moto" ante la mirada de algunos testigos. Sólo un chico intentó defenderla y también fue agredido por quienes pegaron a la joven. La víctima sufrió heridas en la boca, los oídos y la nariz, así como numerosas contusiones en la espalda y graves lesiones en un ojo. Ha permanecido en el Hospital Donosti de San Sebastián hasta ayer que fue dada de alta..
La Ertzaintza (policía vasca), investiga el suceso para identificar a los autores, entre los cuales, según algunos testigos, se encuentra otra chica y varios jóvenes más de la misma pandilla.
Ante acontecimientos de este tipo se impone la reflexión. ¿Por qué ocurre esto en una sociedad moderna, supuestamente avanzada? ¿Qué educación estamos dando a nuestros hijos? ¿Es culpa de algunos grupos primarios como la familia o la pandilla que ya no cumplen la función asignada por una sociedad basada en unos determinados valores? ¿Es una reacción excepcional pero a la vez propia de la adolescencia que a estas edades está construyendo su identidad?
El problema, en todo caso, debe ser atajado con decisión sí –soluciones coercitivas las justas-, pero con prudencia también –programas educativos adecuados al caso-, porque nuestros adolescentes capaces ahora de hacer esto, si no se corrigen y se reinsertan socialmente, pueden llegar a ser los nuevos delincuentes, maltratadores de sus parejas... y el fracaso colectivo de esta sociedad no tendrá excusa.