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jueves, 23 de septiembre de 2010

La hormiga y la cigarra

Ahora suben el coste de la electricidad. Con esto de la crisis nos aprietan por todas partes. La mayoría hace tiempo que tiene asumido el papel de hormiga, pero aun así, tras permanecer años y años en esta situación de continuo sacrificio, no logran superar las dificultades y salir de la miseria.

Sin embargo, todavía quedan valientes que haciendo caso omiso de la moraleja que La Fontaine nos transmite en su famosa fábula, han adoptado el rol alegre de cigarra. Dan la espalda a la crisis y tratan de divertirse o, al menos, no amargarse.

¿Estará equivocada la hormiga? ¿Será más lista la cigarra? En cualquier caso, ¿por qué tanto empeño en moralizar al personal siempre obligándolo a sacrificarse, ser humilde, trabajador, educado, cumplidor, religioso, generoso..? ¿Son aplicables los valores del siglo XVII, época del famoso escritor francés, a la vida loca del siglo XXI?

Como diría nuestro inolvidable y recientemente desaparecido Labordeta, "¡ A la mierda con La Fontaine!

viernes, 2 de julio de 2010

Recordando a Miguel Hernández - I


Recordamos a Miguel Hernández en el centenario de su nacimiento.
En homenaje a los porteros de las selecciones nacionales que compiten en el Mundial de fútbol que se está celebrando en Sudáfrica, porque ellos también son humanos y pueden fallar.


ELEGÍA - Al guardameta

A Lolo, sampedro joven en la portería del cielo de Orihuela

Tu grillo, por tus labios promotores,
de plata compostura,
árbitro, domador de jugadores,
director de bravura,
¿no silbará la muerte por ventura?


En el alpiste verde de sosiego,
de tiza galonado,
para siempre quedó fuera del juego
sampedro, al apostado
en su puerta de cáñamo anudado.


Goles para enredar en sí, derrotas,
¿no la mundial moscarda?
que zumba por la punta de las botas,
ante su red aguarda
la portería aún, araña parda.


Entre las trabas que tendió la meta
de una esquina a otra esquina
por su sexo el balón a su bragueta
asomado, se arruina,
su redondez airosamente orina.


Delación de las faltas, mensajeras
de colores, plurales,
amparador del aire en vivos cueros,
en tu campo, imparciales
agitaron de córner las señales.


Ante tu puerta se formó un tumulto
de breves pantalones
donde bailan los príapos su bulto
sin otros eslabones
que los de sus esclavas relaciones.


Combinada la brisa en su envoltura
bien, y mejor chutada,
la esfera terrenal de su figura
¡cómo! fue interceptada
por lo pez y fugaz de tu estirada.

.........................

(Continuará)

Perito en lunas de Miguel Hernández

martes, 16 de marzo de 2010

Me caí del mundo y no sé cómo se entra...

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Mala uva la de mi sobrina Estíbaliz que me envía un correo con este artículo de Eduardo Galeano, periodista y escritor uruguayo. Muy sibilinamente me llama antiguo, conservador... No creo que se haya apoderado de mí el síndrome de Diógenes..., todavía, porque todo se andará.


Me caí del mundo y no sé cómo se entra...

Eduardo Galeano

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco..

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar... Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales..

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables!

Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo. ¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra.

Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos! ¡Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida! ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después!

La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.

¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa? ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?

Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años, que en toda la historia de la humanidad.

El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!! ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.

De 'por ahí' vengo yo. Y no es que haya sido mejor... Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el: 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y bote que ya se viene el modelo nuevo'.

Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no, eres un arruinado. Así el coche que tenés esté en buen estado. Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!! Pero por Dios. Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo).

Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo. Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no... Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita.

¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.

Y guardábamos... ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.

Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza... Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer.

No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo, pegatina en el cabello y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago, de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado.


Un poco largo pero interesante, sobre todo si los jóvenes son capaces de leerlo completamente y se detienen a pensar unos microsegundos, ¿no crees?

jueves, 23 de abril de 2009

Un libro

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Hoy se celebra el Día del Libro y qué mejor que hacer honor a tal conmemoración con uno de ellos entre nuestras manos.

El Premio Cervantes de 2008, Juan Marsé, ha sido homenajeado hoy en la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid), sede de la institución cervantina, en un acto que, como es tradicional, presiden los Reyes de España.
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La memoria está siempre presente en su buen hacer literario, dentro de un estilo que se mueve en el realismo social, para describir los años de la posguerra civil en su ciudad natal, Barcelona.
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Algunas de las obras más importantes de Marsé son las siguientes. Con cualquiera de ellas el lector viajará por esos tiempos de la dictadura franquista y los primeros años de la democracia en España. Últimas tardes con Teresa (1966), La historia de la prima Montse (1970), Si te dicen que caí (1973), Las muchachas de las bragas de oro (1978), El embrujo de Shanghai (1993), Rabos de lagartija (2000), Canciones de amor en Lolita's Club (2005).

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jueves, 26 de marzo de 2009

Mariano José de Larra, periodista y escritor

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Vuelva usted mañana es el título de un artículo periodístico escrito por Mariano José de Larra (Madrid, 1809-1837), y sentencia lapidaria caracterizadora del mal hacer del funcionariado y la burocracia española, que comenzaba a dar los primeros pasos en aquellos turbulentos años treinta del siglo XIX español. Y, la verdad, la frase ha hecho historia, pero no ha perdido actualidad.
Se ha cumplido el pasado martes día 24 el segundo centenario del nacimiento de este personaje tan controvertido, periodista y escritor madrileño, que pasó por esta vida con prisa -se suicidó el 13 de febrero de 1837- pero tuvo tiempo de dejar su impronta en la España del absolutismo represor de Fernando VII, en los años de la primera guerra civil -primera guerra carlista- y pudo ver y sentir los primeros latidos del liberalismo moderado después de la época ignominiosa fernandina.
Hijo de afrancesado, vivió con su familia exiliada en Francia. Regresan en 1818 pero es en 1825 cuando Larra se instala definitivamente en Madrid, donde comienza a frecuentar, siendo aún muy joven, las tertulias literarias de la capital. En 1828 sólo tenía 19 años, pero Mariano José inicia su carrera periodística con la publicación de un folleto mensual, El duende satírico del día en donde publica ocho artículos firmados como "El Duende".





En 1832 publica la revista satírica El pobrecito hablador en donde escribe con el seudónimo de "Juan Pérez de Munguía". En ese mismo año comienza a colaborar con la Revista Española, de tendencia liberal, en la que por primera vez aparece un artículo suyo -Mi nombre y mis propósitos- utilizando el seudónimo de "Fígaro" que lo hará famoso. Algunos de sus artículos más famosos fueron Vuelva usted mañana, El castellano viejo, Entre qué gentes estamos, En este país y El casarse pronto y mal. Escribió la novela costumbrista No más mostrador, la novela histórica El doncel de Don Enrique Doliente y la pieza teatral Macías.
A pesar de su juventud y de seguir una trayectoria vital plagada de contradicciones -llegó a ser elegido diputado por el partido conservador-, Larra era un gran observador de la vida social, la política, las costumbres y la cultural del país. Fue látigo literario de la clase dirigente y crítico satírico de una sociedad tradicional, antigua, anclada en el costumbrismo más conservador, y propugnaba la laicización de la sociedad española. Para algunos especialistas de la literatura española, Larra está considerado como uno de los primeros y destacado exponente del romanticismo español.
También hizo crítica de teatro y literaria así como el tratamiento de temas de actualidad política. Publicó más de doscientos artículos en ocho años muchos de los cuales siguen estando de plena actualidad.