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lunes, 27 de abril de 2009

Pandemias

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La gripe porcina se extiende por todas partes. La preocupación se instala en el mundo. México es el más afectado y desde allí irradia la enfermedad a otros países, entre ellos España.

Las autoridades sanitarias mundiales a través de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y las nacionales como la española, están reaccionando con rapidez tratando de poner coto a esta epidemia.

En nuestro país tenemos gripe muy a menudo. Además de la gripe normal anual, la de todos los inviernos, que en épocas aún no muy lejanas del subdesarrollo y carencias médicas crónicas se llevó a la fosa a muchos españoles, hemos sufrido la gripe aviar hace unos años y se nos metió el miedo en el cuerpo debido a ella, algo que habíamos dejado aparcado en el desván de nuestra memoria.

Pero los recuerdos vuelven. La Historia nos trae a la mente que la pandemia más mortífera llevaba nuestro apellido. La gripe española -inmerecido 'mérito' el nuestro puesto que no nació en España- diezmó la población mundial en los años finales de la Primera Guerra Mundial en muchos millones de personas (25 millones para muchos, y hasta 100 millones para algunos). Ha sido la gran pandemia en la historia mundial. Nunca una epidemia produjo tantas muertes de personas de todas las edades y condiciones sociales, en tan poco tiempo, como esta enfermedad.

Por eso digo que sí, España sabe mucho de gripes. Siempre tendremos alguna que nos visite con más o menos virulencia. Sigamos alerta porque la propalación de este tipo de enfermedades víricas cada vez es más fácil en este mundo tan interconectado. Mientras tanto, no nos queda más remedio que confiar en nuestros sistemas de salud, pero sin olvidarnos de la fragilidad del ser humano.

martes, 17 de marzo de 2009

La Iglesia en campaña

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La comparación entre un bebé y un lince protegido sirve para que la Iglesia católica ponga en marcha una campaña publicitaria en favor de lo que considera defensa del derecho a la vida humana.

Con esta iniciativa la Conferencia Episcopal vuelve a la guerra contra el Gobierno socialista que tiene preparada una reforma de la ley del aborto para llevarla al Parlamento próximamente. Pero también se opone a procedimientos médicos como el que ha servido a una familia andaluza que ha tenido un hijo para, mediante la utilización de sangre del cordón umbilical de este último, conseguir la curación de su hermano mayor, afectado por una enfermedad congénita incurable por los medios tradicionales.

La comparación es asimétrica, tramposa, porque no se puede trasladar el mensaje de que se protege más la vida de un cachorro lince que la vida de un niño. Esto es manipulación y demagogia pura. En todo caso, podría haber comparado al citado lince con un embrión o con un feto que no pase de 14 semanas, límite general que establece el proyecto de reforma de la ley del aborto para que una mujer pueda interrumpir su embarazo libremente.

Tardaba mucho la Iglesia en buscar el enfrentamiento con el Ejecutivo. Después de conseguir, al finalizar la anterior legislatura, una muy favorable financiación del Estado, la tregua política ha terminado.

Sin embargo, el poder público debe cumplir su programa de gobierno y seguir legislando para todos los ciudadanos. Esa es su obligación. La Iglesia tiene derecho a manifestar su posición como cualquier otro grupo de presión, pero los poderea públicos deben evitar dejarse influir por la doctrina de cualquier confesión religiosa a la hora de legislar. Lo deseable es que su doctrina la circunscriba a las iglesias, conventos y demás ámbitos de actuación que le son propios. Que los ciudadanos se sometan o sean amparados por la ley obligatoriamente, y voluntariamente a las doctrinas religiosas de acuerdo con sus convicciones. Nadie va a impedir que los católicos sigan las directrices de la Iglesia pero de ninguna manera es permisible que estas sean obligatorias para todos los ciudadanos, sean o no católicos. De aquí a la asunción de un régimen político religioso -tan censurable como lo es el islamista iraní- sólo hay un pequeño paso.

En el fondo, la Iglesia vuelve a traer el debate de los años ochenta del pasado siglo: el instante del comienzo de la vida humana. ¿El cigoto es un ser humano? ¿Y por qué no ir a momentos antes y pensar que cada espermatozoide es también un proyecto de vida humana aunque sea condicionado? ¿Y el embrión? ¿Lo es el feto? ¿Y este a qué número de semanas se puede considerar como vida humana? ¿Cuándo es ya viable esa vida humana?

Desde el punto de vista de defensa de la vida humana, es mucho más importante, por ejemplo, evitar que el sida lleve a la muerte a millones de personas -estos sí que son seres humanos-, como ocurre en África. Mientras tanto, el papa Benedicto XVI condena la utilización del preservativo, una solución que, está demostrado, impide la infección del virus asesino en muchas personas, y aboga por soluciones de tipo moral, como la abstención en las relaciones sexuales. Tal vez debiera la Iglesia hacer un ejercicio introspectivo para ver cómo clérigos proxenetas han influido en la vida de muchas jóvenes personas y cómo ha utilizado todo su poder -incluido el económico- para tapar estos escándalos sociales.

Lo que pasa en España con la Iglesia católica no ocurre en ningún otro país occidental avanzado. Deben estar pensando que España ha de seguir siendo "martillo de herejes". Si creen en la doctrina de Jesús -cosa que cada vez dudamos más- debieran seguir la máxima cristiana que encarna como ninguna otra la separación de poderes: "dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César". Pues eso.

lunes, 9 de febrero de 2009

Eluana Engaro ha muerto

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La joven italiana de 38 años, Eluana Engaro, ha muerto a las 20,10 horas, según ha informado su padre Beppino Englaro.

Eluana llevaba 17 años en coma y su familia habían pedido en varias ocasiones la desconexión de los aparatos médicos que la mantenían artificialmente en estado vegetativo.

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El Tribunal Supremo había fallado a favor de la familia permitiendo que la desconexión pudiera realizarse. En contra de esta resolución, el gobierno de Berlusconi, presionado por la Iglesia, estaba trabajando para promulgar una ley expresa que impidiera la operación.
En la clínica 'La Quiete' de Udine se había dejado de alimentar e hidratar a Eluana hace tres días, siguiendo el procedimiento autorizado por los jueces.

La noticia llegó al Senado italiano mientras se debatía, por vía de urgencia, la ley que trataba de impedir la muerte de la joven.

El debate ha sido intenso en Italia, pero también ha trascendido sus fronteras. El derecho a la muerte digna está en el centro de la polémica. La Iglesia católica y las organizaciones más conservadoras se oponen radicalmente a este derecho de la persona y presionan al poder civil en todos los países -sobre todo en los católicos que es donde todavía pueden influir- para que legisle en contra de estas prácticas y, por supuesto, en contra de cualquier norma que permita alguna forma de eutanasia.

Como ocurre a menudo, la separación entre Iglesia y Estado no se ha interiorizado en la primera de estas instituciones, que pretende someter al poder civil, democráticamente elegido, a las directrices religiosas y sus normas canónicas. Salvando las distancias, casi igual que en Irán o en otros estados islamistas donde la ley religiosa está por encima e informa la ley civil. Y eso en pleno siglo XXI. Menos mal que la Edad Media queda lejos y será difícil regresar a ella, pero... no nos fiemos.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

La dignidad de Hannah Jones

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Tiene destrozado el corazón debido a los duros tratamientos de quimioterapia. Enferma de leucemia desde los cinco años de edad, necesita urgentemente un transplante de corazón. Si antes de seis meses no lo consigue morirá. Aún consiguiendo el nuevo corazón y que éste sea compatible, no está garantizada su supervivencia porque la operación es muy arriesgada. Además, los médicos tampoco pueden asegurar que el cáncer vaya a detenerse. Ésta es la situación dramática de una niña inglesa de 13 años. Se llama Hannah Jones.
Su caso y su figura ha dado la vuelta al mundo porque, cansada de tanto sufrir, cansada de luchar contra lo imposible, ha decidido vivir -que no morir- dignamente lo que le quede de vida. Con una serenidad y aplomo admirable, ha declarado a los médicos y autoridades judiciales que desea vivir en paz, en casa, pasar las Navidades con los suyos, lejos de todos esos tratamientos agresivos que enfermedades como las que padece exigen.
El hospital y la oficina de atención al menor, convencidos por los argumentos de la niña, han decidido abandonar el proceso legal por el que pretendían abligarla a someterse a la arriesgada operación.
Los padres de Hannah asumen la decisión de su hija, si bien, mantienen la esperanza de que cambie de opinión.
La sociedad de la información que inunda nuestras vidas enseguida ha hecho de este caso un objeto de debate moral, ideológico y jurídico. El problema que se plantea sobre el derecho a una muerte digna se complica, puesto que el protagonismo viene de una adolescente menor de edad, aunque su decisión sea respetada por sus padres. La pregunta que surge es: ¿se puede defender que tenga más valor la decisión de una persona menor de edad que la de los médicos y autoridades judiciales?
Es difícil comprometerse con una opinión ante un caso tan especial y tan grave. No tenemos la experiencia de la niña y de sus padres que llevan años soportando esta dramática situación. Por eso, si los padres han confiado en la madurez de Hannah y apoyan su decisión, lo menos que podemos hacer los demás es mostrar el mismo respeto, al margen de la situación de sobrecogimiento que nos embarga.
Sólo nos queda la esperanza de que alguna solución médica pueda aparecer pronto para Hannah. Pero también expresamos la esperanza de que los doctrinarios religiosos e ideólogos de siempre no hagan de éste un nuevo casus belli en favor de la imposición de sus conocidos dogmas, y dejen que la libertad individual esté por encima de esa moral conservadora tan conocida, y de la opinión parcial e interesada de sectores que sólo tratan de imponer su propio credo a todos los demás.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Nace para salvar a su hermano

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El pasado domingo nació Javier en Sevilla, un niño que viene al mundo con la misión de salvar a su hermano Andrés, de seis años, que sufre una grave enfermedad hereditaria, la anemia congénita severa llamada beta-Talasemia major, que carece de tratamiento médico para su total eliminación.
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Soledad Puerta y Gabriel Mariscal, padres de los niños, decidieron someterse al diagnóstico genético preimplantatorio (PGD) -con previa autorización de la Comisión Nacional de Reproducción Asistida-, técnica que les ha permitido concebir y tener un hijo sano, y con un idéntico perfil de histocompatibilidad (HLA), que le convierte en el mejor donante para su hermano por la absoluta compatibilidad existente entre ellos.

El tratamiento de la enfermedad de Andrés se llevará a cabo en las próximas semanas por los médicos del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla que aplicaron la técnica citada a la concepción de Javier. Será mediante trasplante de células madre existentes en la sangre del cordón umbilical del recién nacido como se intente curar la enfermedad de Andrés -tiene entre un 70 y un 90 por ciento de conseguirlo- que, mientras tanto, ha quedado almacenada en el banco de cordón umbilical de Málaga.

Para curar mediante trasplante la beta-Talasemia major es necesario que la compatibilidad entre donante y receptor sea del cien por cien, algo que sólo es posible mediante las técnicas que permiten un perfil de histocompatibilidad idéntico (HLA) aplicadas en el hospital sevillano.

Javier ha llegado a este mundo con un pan debajo del brazo para su hermano Andrés y sus padres Soledad y Gabriel. Esperemos que los sectores católicos integristas de siempre dejen de argumentar contra estas técnicas biomédicas que sólo pretenden luchar contra la muerte, y apliquen el principio según el cual primero salvemos la vida que después será más fácil salvar el alma. Amén.


domingo, 27 de julio de 2008

Entrañable Babaty

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La elefanta Babaty ayuda a los niños con síndrome de Down, autistas, con parálisis cerebral... porque tiene un don especial. Desde hace un año colabora en sesiones terapéuticas con este tipo de enfermos.

Vive en el zoológico de Elche (España) donde su cuidador Alex Zane Cristiany la instaló 18 años atrás. Tiene 36 años y pesa 4.335 kilos. Su virtud principal es ser especialmente sociable en su trato con las personas, a pesar de que su infancia fue desgraciada porque nació en cautividad y su madre la rechazó tras nacer por creer que tenía alguna malformación.

Además es actriz de cine y realiza anuncios publicitarios.

Entre tanta mala noticia, esta nos ha tocado el corazón. Un entrañable animal que nos da ejemplo.

¡Qué grande eres Babaty!


miércoles, 16 de abril de 2008

Ruido enloquecedor

Los oídos de multitud de personas sufren a diario los efectos perniciosos del ruido, sobre todo el provocado artificialmente. En España un 33% de las personas sufren estrés por causa del ruido que soportan.
Se celebra hoy el Día Internacional Sin Ruido. Nuestro país es el segundo más ruidoso del mundo, sólo detrás de Japón. La Organización Mundial de la Salud establece como límite del sonido ambiente 65 decibelios, pero en ciudades como Madrid alrededor del 66% de ciudadanos sufren niveles superiores, hasta 95 decibelios en la hora punta de la mañana.
Sin embargo, el ruido más pernicioso no es el de la calle, el del tráfico, el de las obras..., el peor zumbido, aquel que termina con la paciencia del "currela" y le lleva a situaciones psicológicas conflictivas, es precisamente el sutil estruendo que se produce en lugares que tratan de escapar del ruido callejero.
El salón de casa, frecuentemente, bulle con la algarabía del sonido de la televisión haciendo imposible la lectura y la conversación. La estridencia y el griterío es el deporte nacional en los múltiples bares, cafeterías y chiringuitos de nuestro país, incluso a horas en que la luz del sol, tan silenciosa ella, aparece por el horizonte. Los MP3 y las radios conectadas por auriculares machacan permanentemente los oídos de jóvenes y mayores. Y qué decir de las permanentes obras en pisos y lonjas de los vecinos; parece que todos se han puesto como posesos a realizar trabajos en sus inmuebles.
Pero existe un ruido que penetra como un berbiquí, especialmente en nuestros mayores: la soledad ensordecedora que acaba enloqueciendo. Aquí sí que hemos de hacer un gran esfuerzo para paliar tanto griterío, tanto escándalo social.