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sábado, 15 de enero de 2011

Señoras y señores...

... que os movéis con dificultad, lentamente, apoyados en bastón, por las calles del barrio cargando con la vieja maleta llena de recuerdos y penalidades de una larga vida, pero plena, también, de dignidad. Señoras y señores que poco hace cumplísteis los primeros 80 inviernos pero seguís paseando juntos, tomados del brazo, porque 60 primaveras atrás decidísteis compartir trinchera en la guerra que libráis, día a día, para sobrevivir en esta selva llena de fieras humanas. Señoras y señores que paseais por la acera sorteando a los presurosos urbanitas -presumen de modernistas- que vienen de frente cual si fueran manadas de bisontes en la gran pradera. ¿En qué pensáis? ¿Tal vez en el olvido que sufrís? ¿Quizá en la falta de una palabra de agradecimiento por todo vuestro esfuerzo? Algo va mal cuando no se mima a los viejos -¡qué palabra tan bonita!-, cuando se les olvida e, incluso, se les margina y se les recluye en los rincones de la sociedad.



Algo va mal cuando la vieja dama, algo encorvada, cara arrugada, manos desgastadas, gafas de pasta, lleva el cabello desaliñado, totalmente blanco, mal peinado... No puede ir a la peluquería del barrio una vez al mes, como hacía años atrás, a que le hagan un arreglito y le tiñan el pelo y le dejen un peinado que ella siempre ha sabido conservar con su malla mientras estaba en casa. Algo va mal en nuestro pequeño mundo de los humanos porque la vieja abuela ya no puede maquillarse su cara pecosa -manchas de la vejez-, un poquito nada más..., ya sabes, para sentirse bien interiormente, para que su viejo se sienta orgulloso de ella todavía y los vecinos puedan decirla lo guapa que va. Ya no porta pulseras ni anillos, salvo el de casada, en sus débiles manos. Algo va mal pues la viejita sale a la calle, una vez más, con su gastado chaquetón azul marino, un  tanto raído -ya no se pone el alfiler escarabajo dorado, regalo de sus hijas en las bodas de oro de su matrimonio- , y una falda del mismo color que cubre un palmo por debajo de la rodilla , muy desgastada también, aunque limpia y cepillada, porque pobre sí, pero con dignidad. Algo va mal para que la abuela tenga que salir, una vez más, con las mismas medias negras, cosida una de ellas por la parte que se enfrenta a la otra pierna para que no se vea mucho. Algo va mal, pues los zapatos negros, antes de charol, ahora han perdido lucidez por las varias grietas que atraviesan su empeine y que sólo se han podido disimular a base de betún caducado...

Algo va mal en nuestro mundo, dicen, de la abundancia, cuando el viejo león, vista muy reducida, que ya se dobla y sostiene del brazo a su viejita amada hoy tampoco se afeitó esa barba rala, blanca, que todavía se incrusta entre los surcos de la cara. Las viejas cuchillas que él siempre usó apenas se encuentran en las tiendas del barrio. Las nuevas son muy caras y, además, cortan como un bisturí, y su pulso no está para tales operaciones. Algo va mal cuando hoy también ha salido con la misma y consumida parka marrón verdoso que le regalaron sus hijas cuando cumplió los 70. Las mangas le superan las muñecas y las manos huesudas y rugosas, resultado de años y años de doblar la cerviz, se esconden parcialmente en la cueva que forma la tela. Ya no tiene aquella mancha que se le pegó a la pechera como una lapa -¡qué 'cariñosa' bronca le soltó la parienta!-cuando su compadre le invitó a un café en el bar del riojano. Algo va mal porque al abuelo pasea con el mismo pantalón gris marengo, sobado por la culera, desgastado por los bajos, que rebosa experiencia por todos los pliegues que aún se vislumbran. Algo va mal pues los zapatos negros del anciano ya no lucen. Llevan la fotocopia de las arrugas de su rostro, y el betún que la abuela le dio, el domingo quince días hace, pasó al estado de tristeza vital.

Algo va mal en este país cuando los viejos pasean por las aceras de ciudades y pueblos derramando  melancolía por todas partes. No brillan sus ojos, dejaron de ser parlanchines, ya no cuentan aquellas adornadas y algo exageradas historietas que nos hacían pasar momentos agradables en su compañía, han perdido la ilusión. Señoras y señores..., algo va mal.

viernes, 18 de abril de 2008

El alto precio de los cereales mata

El 50% de la población mundial, 3.000 millones de personas, se encuentran en situación difícil porque no pueden satisfacer sus necesidades alimenticias debido al fuerte aumento del precio del arroz. Afecta muy directamente a gran parte de Asia en donde las familias han de reservar para alimentación el 70% de sus ingresos.
Según denuncias del Banco Mundial, el FMI, la FAO y otros organismos internacionales, así como varias ONG que trabajan en los países afectados, el problema se incrementa debido a que otras materias primas alimenticias como el trigo y el maíz también han sufrido importantes subidas en los mercados mundiales.
La imparable subida del precio del petróleo está detrás de este problema mundial, porque ha repercutido directamente en la producción de cereales y, además, ha hecho que muchos estados hayan potenciado la producción de cultivos como el maíz para obtener biocombustibles que permita reducir la dependencia energética del oro negro.
Las importantes sequías, inundaciones y otros múltiples fenómenos naturales provocados por el cambio climático han sido factores determinantes en la pérdida o reducción de las cosechas.
Otra causa no menos significativa viene del mayor consumo de alimentos, en especial leche y carne, que las nuevas clases medias de países emergentes, muy poblados, como China, India, Indonesia, Corea, Filipinas... demandan en los últimos años.
El problema se va trasladando de tal manera que quienes consiguen satisfacer sus necesidades alimenticias, provocan inconscientemente otras más graves del mismo tenor en lugares diferentes -África, Golfo de Bengala, Pacífico, Centroamérica, Caribe- y a las clases sociales más desfavorecidas, que, con estos precios excesivos, se alejan de la posibilidad de evitar el hambre que vienen sufriendo históricamente.
El debate sobre las alternativas está tomando cada vez más trascendencia. Para unos hay que hacer que los campesinos vuelvan a su forma tradicional de cultivo, aumentando la producción mediante la utilización de semillas, maquinaria y procesos que sean respetuosos con el medio ambiente. Para otros no queda más remedio que modificar las semillas para que den mayor rendimiento en menos tiempo, sean inmunes a las enfermedades, resistan las sequías e incrementen la producción. En este último caso, la utilización de transgénicos se está convirtiendo para muchos en la única solución capaz de evitar la gran hambruna que se cierne sobre el mundo. Varios laboratorios trabajan en ello y las multinacionales del ramo intentan imponer estas semillas manipuladas a los campesinos -aprovechan para obligarles a comprar, además, fertilizantes y pesticidas- que, en muchos casos, se encuentran indefensos ante esta presión.
Si la solución de los transgénicos acaba por imponerse desconocemos si paliará decisivamente el hambre en el mundo, pero lo que sí sabemos es que el verdadero poder sobre él estará en manos de estas multinacionales. Ellas decidirán cuándo, a qué precio y a quién suministrar estos transgénicos milagrosos, ya que el ciclo tradicional de utilización de semillas obtenidas de la cosecha anterior -y su transferencia a otros productores que las necesiten- para siembra dirigida a nueva producción, se habrá terminado definitivamente.
Los organismos internacionales han dado la alarma. Si no se toman medidas con carácter de urgencia todos acabaremos lamentándolo.

viernes, 7 de marzo de 2008

La contralista Forbes... de miserables





La revista estadounidense Forbes ha publicado la lista de las personas más ricas del mundo tal y como hace todos los años. Para entrar en esta nómina es preciso disponer de 1.000 millones de dólares en el bolsillo, asquerosa calderilla con la que no se sabe qué hacer. Este año lo han conseguido 1.125 afortunados.
Me imagino que algunos de los privilegiados multimillonarios con posibilidades de luchar por los puestos altos del escalafón habrán estado muy preocupados por el lugar que iban a ocupar. El telón Forbes se ha abierto y the winner is...Warren Buffett -que tiene apellido de comida abundante y elección rápida- pero no, su negocio no esprecisamente un restaurante, tampoco el catering. En realidad el pavo se dedica a las inversiones: ya sabe usted, tomo este paquete de miles de dólares y compro estas acciones; pero ¡ojo!, que esta plusvalía que he obtenido en unas horas -¡qué digo en unas horas, en unos minutos!- puede perderse en un instante así que ¡vende, vende! En fin, a base de especulación pura y dura resulta que tiene 62.000 millones de dólares (y Tobin sin trabajo porque no le permiten aplicar su famosa y moribunda tasa).
El segundo triunfador es Carlos Slim, el magnate de las telecomunicaciones en México -lindo y querido- y en el resto de América.
El pobre Bill Gates, el pope de Microsoft, gracias al cual podemos comunicarnos por este medio, ha perdido la cabeza, sólo la de la clasificación, y ha quedado relegado al tercer lugar después de ser casi pareja de hecho de la primera posición del directorio durante 13 años, ¡qué barbaridad!
Pero existe una lista mucho más importante que esta: la de los otros 1.125 millones de seres que transitan por el mundo en la asquerosa miseria, viviendo con menos de un dólar al día. Personas sin nombre que nunca veremos en ningún repertorio de afortunados. No tendrán el privilegio de disfrutar de los 10 minutos de fama que a todos nos corresponden en la vida, porque ni siquiera aparecerán en la clasificación mundial de los más pobres, de los inmensamente necesitados, a pesar de que millones de miserias les cercan por todas partes.
Pero sí sabemos en qué países arrastran sus desdichas, porque el Índice de Desarrollo Humano (IDH) del PNUD (ONU) los tiene clasificados: Sierra Leona, Burkina Faso, Guinea-Bissau, Níger, Mali, Mozambique, República Centroafricana, Chad...
Claro que para muchos de los que vivimos en esta parte del mundo, la de los privilegiados, estos seres humanos son pura calderilla. Y si no que se lo digan a ellos ahora que en España tanto se discute de inmigración.