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martes, 24 de enero de 2012

Juicios por corrupción contra el PP



El PP sabía que no podría aguantar el desgaste político al que le iba a someter la opinión pública cada vez que apareciera la foto del expresidente de la Comunidad autónoma de las Islas Baleares, y exministro del gobierno de José María Aznar, Jaume Matas, sentado en el banquillo como procesado por presunta corrupción por el llamado caso Palma Arena.

(En las fotos, arriba, Matas declarando ante el tribunal y, a la derecha, sentado en el banquillo con su abogado)

Lo mismo se podría presumir cuando el expresidente de la Comunidad valenciana, Francisco Camps, y el exsecretario general del PP en esta comunidad autónoma, Ricardo Costa, se vieran  en la foto sentados en el banquillo de los acusados por presunta corrupción en el caso de los trajes -peccata minuta- pero, sobre todo, por el caso Gürtell donde, además del presunto delito de enriquecimiento personal de varias personas vinculadas directamente al PP, se va a juzgar el presunto delito de financiación ilegal del partido, verdadero asunto importante de estos procesos.



(En la foto de la izquierda, Camps declarando ante el tribunal. En la de arriba, a la derecha, Camps y Costa con sus abogados)













¿Dos presidentes de CC. AA. en el banquillo, un día tras otro, y así durante dos meses cada uno? Esto es demasiado, debió pensar Trillo y el resto de la cúpula del PP tiempo atrás. Así pues, algo había que hacer para paliar los efectos de degradación del Partido ante la opinión pública que podría dificultar el acceso al poder y, para ello, establecieron la siguiente estrategia:

1º) Dado que también otros partidos, en especial el Psoe, tienen casos de corrupción en sus filas, lo mejor es poner a funcionar el ventilador. Y así lo hicieron con el caso de los Eres contra la Junta de Andalucía y el caso Faisán contra Alfredo Pérez Rubalcaba y, más recientemente, el caso Campeón contra José Blanco, todos ellos 'el chocolate del loro' en comparación con los dos casos anteriores. Además, para que la gente de Sálvame Deluxe esté entretenida y se olvide del PP, le soltamos la carnaza del caso Iñaki Urdangarin y del Instituto Nòos, que se enfoca desde la perspectiva que más gusta al servil pueblo, la de un aristócrata corrupto -lapidémoslo- pero no desde el punto de vista de la corrupción de los dirigentes del PP en Baleares en el caso Palma Arena. 


Y, por si fuera poco -han pensado los dirigentes del PP-, sentamos en el banquillo también a Baltasar Garzón, el juez que se ha atrevido a levantar el caso Gürtell y ha osado procesar al franquismo por los asesinatos producidos por la dictadura -algunos datos fijan en 150.000 los asesinados-, especialmente por aquellos muertos 'despachados' a base de tiros a las zanjas/sepulturas de las cunetas de las carreteras y de las fosas cercanas a las tapias de los cementerios después de haber ganado la guerra, sin juicio justo, dejándose llevar por el odio, aplicando la venganza y dando forma material a la limpieza ideológica, establecida como estrategia política por el nuevo régimen fascista. Y no tenemos reparo en diferir mucho los casos Mata y Camps -se dijeron los jerifaltes 'populares'-, haciéndolos coincidir con los casos Garzón y Urdangarin, mucho más fáciles de instruir, para que se debiliten los efectos negativos que nos afectan. 

(Foto anterior, arriba a la izquierda, Urdangarin con Matas. En la foto de la derecha, Garzón ante el Tribunal)

2º) Constatación: la cúpula judicial es políticamente de derechas. El Tribunal Supremo, con su presidente Carlos Dívar a la cabeza -del Opus Dei, Dios nos ampare-, y en especial su Sala de lo Penal, es de derechas, derechas, derechas... El Consejo General del Poder Judicial, presidido por el mismo personaje, es de derechas, salvo varios consejeros que no se puede decir sean de izquierdas, aunque eviten manifestarse como de derechas. El 70% de los jueces adscritos a asociaciones profesionales lo están a la Asociación Profesional de la Magistratura (APM), de derechas de toda la vida, y sin complejos; el resto a otras más moderadas, pero no precisamente manifiestamente de izquierdas. Mientras tanto, el país, sociológicamente, puede considerarse, aproximadamente, como mitad de izquierdas, mitad de derechas, según se deduce de las muchas elecciones democráticas que hemos celebrado desde la muerte del dictador. Urge aquí hacer la Transición que no se ha realizado en este llamado Tercer Poder desde hace 35 años. Y luego dicen los palmeros de la TDT de la derecha extrema que los socialistas mataron a Montesquieu...

3º) Para evitar la caída de valoración del PP por parte de la opinión pública en los meses anteriores a las elecciones autonómicas y locales (22 de Mayo de 2011) y legislativas (20 de Noviembre de 2011), hay que enredar en los procedimientos -recursos, reprobación de jueces, peticiones de pruebas no adecuadas, aplazamientos- para que nunca uno de estos juicios se celebre antes de tales comicios. Y así lo han hecho.

4º) Conseguido el objetivo de retrasar los juicios y una vez alcanzado todo el poder local, autonómico y nacional, y dado que es imposible aguantar el nivel de confianza de la ciudadanía por estos casos de corrupción y por los recortes draconianos que vamos a hacer -piensan los estrategas 'populares'- para mayor gloria y honra de los poderes económicos, lo mejor es sufrir la purga del aceite de ricino que hemos de tomar durante el primer trimestre del año 2012. 

Para hacer más leve la herida de la credibilidad del PP -han pensado los 'sabios populares'-, construimos un totum revolutum haciendo coincidir en el tiempo, es decir, concentrando todos los juicios en estos meses, así como las grandes decisiones de recortes económicos y sociales del Gobierno.  Conclusión: no tenemos reparo en diferir ad eternum la instrucción de los casos Mata y Camps, con la vista puesta en hacerlos coincidir con los casos Garzón y Urdangarin -que nunca debieron tardar tanto por ser mucho más fáciles de instruir-, para que se debiliten los efectos negativos que nos afectan.

 Y el resultado ha de ser, indefectiblemente, magistral. Por un lado, los casos alternativos de Garzón, Urdangarin... detienen la sangría en la herida de los casos de corrupción del PP. Asimismo, unos y otros -los juicios y los recortes económicos y sociales que desgastan a los 'populares'- hacen de bálsamo recíproco: los juicios por corrupción olvidan los recortes y, viceversa, las reformas económicas olvidan el tema de la corrupción.



Miembros de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo


 Consideración final: los estrategas del PP están en su papel. No tienen sentido democrático y no les importa manipular en su provecho las instituciones, incluido el Poder Judicial. Y, como lo han manifestado públicamente en muchas ocasiones, lo hacen "sin complejos". Pero, por otra parte, las cúpulas de este llamado Tercer Poder, impregnado hasta la médula por elementos de extrema derecha y franquistas -todavía quedan algunos que juraron los Principios del Movimiento al acceder al oficio de juez y no han renunciado expresa y públicamente a ellos- tienen una gran responsabilidad, porque han aceptado, han asumido, convivido y aplicado esa estrategia bien elaborada por los expertos del PP. En definitiva, todos están en el mismo carro que no es, precisamente, el carro de la democracia. Como dice la canción, hace tiempo que "ese carro me lo robaron..." El carro lo ha robado el PP. El carro lo tiene en su poder la Derecha 'patriótica' de siempre. Y el españolito de a pie, sin inmutarse, oiga. 


miércoles, 28 de diciembre de 2011

La Monarquía española tocada



                                 Juan Carlos I de Borbón, rey de España


Iñaki Urdangarin, yerno del Rey Juan Carlos, ha entrado en el amplio club de los presuntos corruptos que todavía proliferan como setas por España. Desde el año 2006, utilizando la influencia que da la vinculación familiar con la Corona, y a través del Instituto Nóos, ha cobrado múltiples cantidades de dinero procedentes de la Comunidad autónoma de Valencia y de la Comunidad autónoma de Baleares, por organizar falsos o nimios eventos públicos como congresos, conferencias multitudinarias, hacer informes sobre temas ficticios o sin contenido real...

Cuando el rumor de tales prácticas presuntamente delictivas comenzó a circular por la red y por algunos medios de comunicación, el Rey encontró para el, en otra hora, llamado "yerno perfecto", un empleo de élite en Telefónica -¿por qué esta gran empresa tiene que 'alimentar' en su seno a tantos sátrapas españoles?-, con un bonito sueldo anual de 700.000 euros, que para sí quisieran muchos de sus expulsados, desvinculados o prejubilados empleados: Encargado de asuntos internacionales de la compañía, con sede en Washington, lejos de los focos de la prensa. Y todo ello, teniendo en cuenta que Iñaki ni siquiera tiene estudios universitarios, salvo que se considere como tal haber sido un destacado jugador de balonmano del Barcelona CF y de la selección nacional. Mucho nos tememos que el "todos somos iguales ante la ley" -Juan Carlos Rey, dixit- es una frase que mueve al personal a emitir una sonora carcajada, y más viniendo de una persona que ostenta una magistratura donde la desigualdad es su esencia, ¿o acaso puede cualquier español o española alcanzar esa distinción de acuerdo con sus méritos?



                     
                                  Iñaki Urdangarin y su esposa la infanta Cristina de Borbón


El asunto, como no podía ser menos, y aunque tarde, ha salpicado a la institución, que desde los primeros años de la democracia gozaba de una buena nota en el escalafón de simpatías de los españoles. Pero todo se está derrumbando como un castillo de naipes por la avaricia del yernísimo y su esposa, la infanta Cristina, que no puede alegar desconocimiento del asunto, pues en algún momento ha tenido que preguntar a su marido de dónde le llegaba tanto dinero al margen de la asignación que le hacía la Casa Real por su condición de infanta de España. Así pues, mientras Urdangarin permanece en EE UU, y su suegro ha retirado al matrimonio de los duques de Palma de actos representativos de la monarquía, la justicia sigue su lento caminar y muchos auguran que el presunto manejador de influencias va a ser imputado en próximos días por alguno o algunos de los delitos que colorean el panorama de la corrupción en el Código penal de nuestro país. 

Estas actuaciones presuntamente delictivas han abierto el melón del debate sobre la Monarquía en España. ¿Son monárquicos los españoles, o solo son juancarlistas? ¿No es más democrático un sistema republicano? ¿No es más igualitario este sistema que el monárquico? ¿No vamos los españoles en contra de los tiempos manteniendo a la Corona como la más alta representación del Estado? ¿Acaso no es más barata una República? 

La verdad es que España entera tragó con carros y carretas en los primeros años de la Transición a la democracia -entre 1975 y 1982, más o menos-, porque la debilidad de quienes no habían comulgado y combatieron al régimen franquista y a los poderes fácticos de la época -Ejército, Iglesia, Banca, grandes empresarios, medios de comunicación- y rechazaban los valores que encarnaba su levantamiento militar del 18 de julio de 1936 y los 40 años de dictadura que instauró, no permitieron liderar una ruptura que diera a luz un régimen democrático limpio, depurado, con un sistema político republicano que fue el último realmente legitimado por el levantamiento popular del 14 de abril de 1931 que dio paso a la Segunda República.

La realidad, pues, es que Juan Carlos fue designado por el dictador. Y no podemos olvidar que, al igual que muchos altos funcionarios del Estado del momento -por ejemplo los jueces-, también juró los Principios Fundamentales del Movimiento, armazón constitucional esencial del régimen franquista, que no reconocía ni garantizaba los derechos y libertades fundamentales de las personas ni se detenía un momento en hablar de democracia, bestia negra del sistema totalitario impuesto. No se dio a elegir a los españoles entre Monarquía y República, y esto fue un error político de primera magnitud que impregna negativamente al sistema democrático que nos hemos dado. La Corona no fue refrendada por el pueblo de forma directa. Solo lo fue indirectamente a través del referendo de aprobación de la Constitución de 1978 -Título II, Artículos 56 a 65-, celebrado el seis de diciembre de este año. Pero tampoco, después de acceder al Trono a la muerte del dictador, hizo renuncia expresa del juramento que había formulado. En definitiva, los españoles le dimos hecha la Transición al Rey Juan Carlos.

Por otro lado, tampoco está absolutamente claro -la Historia lo juzgará pasado el tiempo- que su actitud fuera absolutamente comprometida con la democracia y la Constitución en la tarde-noche del 23 de febrero de 1981, con motivo del golpe de Estado que tuvo al teniente coronel Tejero como primera figura protagonista -pero no la más importante-, y como icono del levantamiento militar, con su mano alzada empuñando una pistola, mientras tomaba el Congreso de los diputados con sus guardias civiles.

Si, además, es cierto lo que han publicado algunos medios de comunicación como las revistas Forbes en 2003, y Eurobusiness, según las cuales, el Rey era uno de los dirigentes mundiales más ricos del mundo, con 1.790 millones de euros en su patrimonio,  la Monarquía española está tocada y herida, independientemente de que su actuación política como representante del Estado haya sido, en términos generales, correcta.



                             Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, heredero del trono español

 
La Casa Real ha expuesto a la opinión pública, hoy, sus presupuestos, lo que le asignan anualmente las Cortes, y la distribución que hace entre las diferentes instituciones que la componen, servicios y funciones. Después de 36 años de opacidad, a nadie se le oculta que esta iniciativa está relacionada con el caso Urdangarin. Pero parece extendida en la opinión pública la idea de que esto  no es suficiente, porque nadie se cree que el Rey no disponga de un patrimonio mayor que el asignado por las Cortes. Y la confianza, ese concepto psicológico que Rajoy y el PP han elevado a categoría política para desgastar al gobierno socialista en los últimos meses, no está instalada en los entresijos del poder y las cosas internas que conciernen a la Corona. Por eso, la institución va a tener difícil remontar vuelo en un futuro próximo y el Príncipe de Asturias -gran perjudicado por el caso Urdangarin, su cuñado- ha de trabajar mucho para ganarse la adhesión y el respeto de los españoles y alcanzar el destino que espera para el que se está preparando. 

Por otro lado, comienza a ser vomitiva la actitud generalizada de la prensa española de todo tipo que practica la permanente loa a la forma de hacer de la Corona y exhiben la correspondiente sumisión y genuflexión al poder del Rey, tic que todavía no hemos erradicado después de 40 años de dictadura. Tanto si es resultado de las directrices de los propietarios de estas empresas, como si se trata de autocensura de los profesionales, la cuestión es de auténtica preocupación, porque el artículo 20 de la Constitución que recoge el derecho fundamental a la libertad de expresión, el derecho de información, pilares básicos del estado democrático, están en cuestión.

Mientras tanto, el Rey haría bien en hablar menos de "igualdad de todos los españoles ante la ley", y abrir las puertas y ventanas de La Zarzuela para que la transparencia y claridad se instalen en la Casa Real y los malos efluvios que ahora desprende la Monarquía española desaparezcan. Es lo que le conviene a España, es lo que esperan los españoles. 

viernes, 9 de julio de 2010

El pulpo Pepe de la corrupción


El campeonato del mundo de fútbol que se celebra en Sudáfrica ha puesto en circulación a una figura mediática, el pulpo alemán Paul, que tiene la virtud de acertar quién ganará el partido entre Alemania y otra selección que compita con ella.

Para la final que disputarán Holanda y España el próximo domingo en Johannesburgo a partir de las 20.30 horas se le ha pedido un esfuerzo excepcional -no juega Alemania- para que pronostique el ganador y su veredicto está claro: el campeón será... ¡¡¡España!!!

Si acierta, algo que no dudamos, tendremos que hacer un homenaje a Paul, dedicarle varias calles de nuestras ciudades, colocar estatuas en su memoria en las plazas públicas...




Dicen que el pulpo tiene tres corazones y, según parece, Paul tiene todos puestos con la selección española. Sin embargo, no todos los pulpos son inocuos como Paul. Los pulpos también tienen patas, algunas muy largas, con las que rodean y aprisionan a sus presas.

Esto debe ser lo que ocurre con el pulpo Pepe de la corrupción, sí el que tiene funcionando el PP y otros partidos desde hace mucho tiempo, puesto que allá donde están gobernando, aparece Pepe con sus garras para atrapar todo lo que huele a ostra con perla. Varias son las cosechas que últimamente saturan los espacios en los medios de comunicación españoles: Gürtel, Palma Arena, caso Fabra (siempre ahí, sin solución), operación Malaya, Pretoria, caso Millet, ahora la operación Brugal en Alicante... por citar algunos recientes que tenemos en la memoria.

Pepe, este es el pulpo que debe preocupar verdaderamente a la sociedad. Algo que seguirá estando en nuestras vidas después de la final de fútbol del próximo domingo en la que, sin ninguna duda, España será la nueva campeona del mundo. Este es el pulpo que hemos de eliminar para no ser, también, la campeona del mundo de la corrupción.